TRIDENTE LIBROS
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Conozco a Lucas poeta, desde hace años. Me invitó a que 

pase mi lectura por estas letras. Me alegró. Hizo un lugar en 

estas páginas para que escriba. 

Y aquí, me veo respirando alguno de estos versos que 

más de una vez, me dejaron sin aire.

Llamaría a este texto antiprólogo porque no es mi 

intención hacer observaciones preliminares, ni raccontos 

innecesarios. Salvo sugerir una lectura de a sorbos, no de un 

trago. Leí más de una vez estos poemas, trabajé -porque leer 

es trabajar siempre en algo- buscándoles la voz, el “tempo” 

interno. Distinguí las arritmias propias de un corazón en 

aprietos y los salvoconductos que, sin señales, me 

inmovilizaron más de una vez antes de seguir.

Hay una obstinada construcción de imágenes que elude 

los giros frecuentes. Rompe el lenguaje para incomodar la 

palabra. Su escritura transita noches lúgubres y sus 

cicatrices, nos hacen saber que aún duermen solas.

Rediseñarme en la lectura es lo que hice. Atravesé los 

poemas cortando calles y pisando charcos. No evité nada. La 

luz de su poesía hizo el resto.

Recuerdo a Pascal Quignard, quien escribió: “Leer es 

buscar con la vista a través de los siglos la única flecha 

disparada desde el fondo de los tiempos”.

Mónica Claus